Life (a week) after college

Now that college is over and I join the ranks of the unemployed, I should have some time to write. I can write all those things I wanted to for the last six months, but just didn’t find the time to do it.

After a senior clarinet recital, a conducting recital, and an honors thesis, I can feel quite accomplished and happy to have a break. Moreover, having to wait about three months for the government to either approve or deny my application for OPT (basically a one-year work permit as part of my student status in the US), would force me to stop.

That stop for me, of course, means having time to work on personal projects and read tons of books on all kinds of topics. I can read Eduardo Galeano’s “The Open Veins of Latin America,” a Christmas gift, or Jorge Catañeda’s “Amarres Perros.” Also, it is a great time to read that one Kent Haruf novel I have not read.

I could resume my creative writing efforts and start a second short story. Perhaps it is time to write those creative essays I’m scared to write. Or I could also try to begin a novel that I’d probably abandon by August.

It is also a great time to review music theory, work on my aural skills, expand my music history knowledge, attempt to finish some compositions, become familiar with more orchestral repertoire, and improve my staccato and altissimo register on the clarinet.

Honestly, I won’t accomplish most of these things. Above all this, I need to learn to become an adult. That seems to be the priority if I wish to survive a world I’m not prepared to join and yet I must.

This is all to say, it’s been a week since I finished college, five days since my parents returned home, and I’m ready to admit I do not like this.

While the break comes every summer, this time it does not arrive with the (sometimes feared) promise of school in the fall.

Whether I like it or not, though, doesn’t matter. I know it is time for a transition and I must go through it. There is no way around it.

¿A dónde va la izquierda mexicana?

Brevemente quiero preguntarme hacia dónde se dirige la izquierda en México.

Con un PRD que dejó de ser oposición desde hace rato, pero más claramente cuando Peña Nieto entró a la presidencia y se firmó el Pacto por México (¿qué se ha hecho por México?). Un PRD que pierde a tres figuras importantes: el mayor representante de la izquierda actual, Andrés Manuel López Obrador; su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas; y el que varios queríamos ver como candidato en el 2012 y ahora para el 2018, Marcelo Ebrard. Un PRD que querrá postular a un Mancera nada popular. Un PRD que vuelve a ser un grupo del PRI. Un PRD incapaz de criticar o proponer. Con un PRD que no es de oposición, la izquierda mexicana necesita liderazgo.

Pero el líder que ha salido a flote no parece llevar a la izquierda a un buen lugar. Después del berrinche de 2006 (que no fue enteramente su culpa), es increíble que AMLO tuviera el apoyo que tuvo en 2012. Si le queremos echar la culpa total del plantón o si pensamos que calmó a un grupo que quería tomar medidas violentas, no importa. Lo importante es que su campaña llevó a la gente a reaccionar de esa manera. Antagonizó a sus contrincantes y alienó a sus seguidores, y a él mismo, de una gran parte de la población. Ahora con Morena, lo mismo parece estar pasando. Vemos quejas y un afán por descalificar al PRI y al PAN. Es todo lo que se ve. Esté bien o mal, la gente (aquella que todavía no lo apoya) está todavía más lejos de aceptarlo. Como cual película cristiana, Obrador hace una campaña atractiva solo para sus seguidores o aquellos enojados que buscan una salida para quejarse. Entre estos se atrapa también a ciudadanos que simplemente quieren un mejor México. Ellos necesitan pragmatismo, no lo que sea que la izquierda está ofreciendo ahorita.

Hay mucho más que la izquierda mexicana no entiende. No sé si realmente busca mover a México. El tratar de descalificar a los demás se ha hecho popular. Si no lo creen, solo hay que ver las secciones de comentarios en cualquier artículo. Ya no se trata de conversar para encontrar una salida. Ahora se trata de dividir. Estas divisiones nunca van a mover a México.

Hasta los académicos han caído en estas mañas. Denise Dresser compartió en su cuenta de Twitter una foto que alguien le mandó donde se muestra un helicóptero llegando a la Universidad Anáhuac que según llevaba a Paulina Peña. Sin investigar si esto era verdad, ella lo publicó (ven que ya es una moda el descalificar como sea). Lo triste pasó después de que el dueño del helicóptero, Carlos Peralta, publicará que fue él quien había llegado a la Anáhuac y no Paulina como Denise Dresser había tratado de engañar. Dresser respondió de la siguiente manera:

Y aquí se muestra otro gran problema: no hay autocrítica. ¿Por qué no pudo aceptar su error? Presentó información falsa como verdadera. ¡Hay que aceptar el error!

No se a donde va la izquierda. Pero sé que no quiero una izquierda que utiliza falacias, que recurre a la descalificación mediante información falsa o rumores, que busca dividir, y que no ejerce la autocrítica.

Quiero una buena opción de izquierda.


El día lunes falleció el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Recordaré principalmente su ensayo de la utopía. Nunca alcanzaremos ese mundo utópico, pero eso no importa. Ese no es el propósito de la utopía. Avanzaremos un paso hacia ella, y ella se moverá un poco más lejos. La utopía es nuestra guía.

Gracias por su trabajo y activismo. Descanse en paz, Eduardo Galeano.