El INE nos saca una lagrimita

El Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, o IEPC, anunció que Lagrimita no podrá ser candidato a presidente municipal de Guadalajara. El payaso, al que la política lo hubiera hecho doblemente payaso, quedó fuera porque no reunió las firmas necesarias para que se validara su candidatura. “!Claro que se me sale una lagrimita!” dijo Lagrimita provocando así no sé si risa, pena ajena, o las dos.

De las más de 35 mil firmas que presentó al IEPC, solo se validaron 22,899 de las 23,887 firmas que necesitaba. Y es que al parecer muchas firmas no iban acompañadas de credencial de elector. No sé si era parte de una broma o un truco, pero pues al final le faltaron 988 firmas. Ni con la ayuda de los jóvenes reclutados (o contratados por mil pesos a la semana) logró reunir las firmas requeridas, ¿o sí?

En el comunicado en hoja membreteada, Lagrimita (porque quería correr como “Lagrimita” en lugar de Guillermo Cienfuegos Pérez), o nuestro payaso correcto, no sale de estilo y hasta hace interesante, por no decir un poco chistosa, su queja.

Los chistes respecto al tema son muchos y mejores que los que podré hacer. Por ejemplo, que si ya se lo cargó el payaso; que otro payaso menos; y quiere llorar, quiere llorar. O una de mis favoritas: Ya, Lagrimita, no estés de payaso.

Sea como sea, y fuera de broma, Lagrimita toca unos puntos interesantes en su comunicado. Primero, que los demás candidatos independientes sabían ya del dictamen del Instituto Electoral. Si es así, ¿por qué? Luego el dictamen sale el sábado en la noche cuando no hay nada que hacer (ya nos sabemos los timings bastante convenientes). Además, él dice estar seguro que las firmas que entregó eran válidas. Hay que ver entonces cómo se invalidaron.

Un punto que Lagrimita no toca es que si las firmas son, efectivamente, de personas difuntas, no registradas en el padrón electoral o duplicadas, ¿no constituye esto un delito que tendría que ser perseguido? ¿Por qué entonces sólo se le niega la candidatura?

Hay dudas. Y aquí está el meollo del asunto. Lagrimita dice no creer “ya en las autoridades electorales del estado, ni en las personas que trabajan ahí, por tramposos, chapuceros y chismosos”. De cierta manera, muchos diríamos lo mismo. Entonces ¿podría, o podríamos, creer en una explicación de dicha institución? ¿Qué va a pasar si la siguiente autoridad le dice que no, que estuvo bien el número de firmas que se validaron? ¿Tampoco va a creer en ellas? Aquí hay un círculo vicioso, así como el de Andrés Manuel López Obrador, nomás que en menor nivel.

Fuera de que esto es a nivel municipal o de si creo que era de risa la candidatura de Cienfuegos (y me siento aliviado hasta cierto punto pues sigue habiendo payasos en la política), estamos en una encrucijada. ¿Cómo avanzamos democráticamente si no hay una institución en la que confiemos?

Hasta antes de la jornada electoral del 2006 por la presidencia, se confiaba en el IFE (recordemos el gran logro de la alternancia en el 2000) y el ejército. Como argumenta Ricardo Cayuela Gally, AMLO sacrificó a una de las dos instituciones que eran confiables con una acusación de fraude sin fundamentos. A pesar de eso, el IFE, ahora INE, sufrió y aquí están las consecuencias.

¿Confío yo en el INE? Digo que no, pero y luego ¿en quién confío? Este no es un argumento a favor de un INE que es burlado por el Partido Verde cuantas veces les plazca. No apoyo a un instituto que no puede hacer nada, o decide no hacer nada, respecto al rebase de topes de campaña de los partidos (recomiendo leer este ensayo de Luis Carlos Ugalde). Pero, ¿entonces cómo le hacemos?

Dejando atrás la risa que nos causa la aspiración a candidatura independiente de Lagrimita, la situación nos recuerda algo preocupante. En algo tan simple, vemos reflejada una realidad en la que el pueblo no confía en las instituciones que definitivamente lo afectarán y que no se ve un proyecto para recuperar esa confianza. Ojalá y no sea muy tarde, porque sí lo es pues ahí sí no sé, como pregunta Marco Antonio Solís, a donde vamos a parar.

En un lado más alegre. Si querían ver un payaso ocupando un puesto en el poder, no se preocupen. Los hay de a montón.

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