Egoism and Belief in God (Psychological Egoism)

If I ask why we help others, what would you answer? You may say, “God’s love is so big that it overflows.” Or perhaps, “God called us to love our neighbor” (or something along those lines). Another response might be: “It feels good to help others.”

All this seem like valid answers, but the psychological egoist will say that only the third answer is true. Psychological egoism claims that all that we do, all the time, is motivated by self-interest. Friendships are self-interested; the same goes for romantic relationships. I think in a way we can understand this.

The problem is that psychological egoism claims that all our actions, all the time, come from self-interest. Now, if true, this brings all sorts of problems of morality. But what happens to belief in God?

Last week, I talked about the anonymous Sonnet to Christ Crucified. It could well represent a cry against psychological egoism. In the English translation this might not come across, but it also seems at times that the author, whoever he or she is, feels somewhat trapped in this game of self-interest and wants out.

If psychological egoism is true, it means that our belief in God is simply egoist. We believe in a God because of what He promises (and how many times don’t we say, “Cling to His promises”). We believe in a God because He promises utopia at the end of the world if only we pay the small price of obedience.

That’s a really cynical paragraph and I cringe at reading it. However, it unfortunately contains some truth at least in my experience.

One of the challenges to psychological egoism might serve us well. Isn’t there a difference between an act motivated by self-interest and one attended by self-interest? We might well find satisfaction  in helping others, but it does not mean that was our motivation. But the psychological egoist will claim that the satisfaction derived from the action is in fact the motivation behind it.

It feels like we move in circles, and in many ways this will always be the case. Because motives are personal and private there is no way we can prove psychological egoism is wrong. At the same time, the private nature of motives doesn’t provide proof for psychological egoism. At the end, it might just be an autobiographical claim.

Of course, psychological egoism is still true but not the extent that all our decisions, all the time, are motivated by self-interest. If our motivations are attended by self-interest our belief in God does not have to be based on what He promised to give us. That’s just a plus. That means we might be able to look forward to the Second Coming not because of heaven or the new earth, but because we will be united with the Creator.

Granted, many of us start our Christian walk out of self-interest. Well, maybe not, but we sometimes do try to convince people of believing in a God because of what He promised to give those who love Him. This might be good to start, but we must move towards a place where we desire God because He is God. A place where there is no doubt the first two answer at the beginning of this post are true.

This might all seem like really dumb ideas but if you really give them a chance, you’ll find they are challenging and useful. Our language internalized can take us either way, and we must stop and think if we are being selfish or selfless.

Are we motivated by riches in heaven or are we attracted to God by His love

Can we desire Jesus for Jesus’ sake? Can we yearn for Love for Love’s sake?

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Un estado laico no es un país sin religiosos

El sábado pasado unos cuantos de mis contactos de Facebook compartieron una noticia publicada en Milenio titulada “Falta a debate por respeto a su religión”. Me imaginé que se trataba de un adventista del séptimo día. La verdad no supe que esperar. ¿Debía alegrarme o preocuparme de que alguien que comparte mis creencias estuviera buscando un puesto de elección popular? Sería un buen o mal ejemplo?

Me encontré con un pobre entendimiento por parte de lo solo varios lectores de la nota sino de Milenio mismo. Basta con leer “Trascendió Monterrey” en la sección firmas. Pero bueno, a veces no se ocupa razón alguna para irse contra los religiosos.

Sí, hay separación de Estado e Iglesia. Sí, México es un estado laico. También es cierto que hay libertad de religión. También es cierto que cada quien es libre de practicar sus creencias mientras estas no violenten los derechos de los demás. Cada quien es libre de creer o no.

Pero lo peor es creer entender y no entender (como Peña Nieto). Sin firma (que irónico), Milenio dice que siendo México laico, a algunos la religión les limita la capacidad de decidir. Primero, si estamos hablando en este caso de un cristiano, específicamente un adventista, este argumento falla desde el principio. La religión, al menos esta denominación, no se hereda. La religión no tiene que limitar la capacidad de decisión, pero parece que el afán de fregar si limita la capacidad de comprender.

Así como unos eligen no creer en Dios y viven su vida de acuerdo a ciertas filosofías, otros deciden creer y adoptar otras filosofías. En los dos casos (y en los muchos otros) hay doctrina. Hay un cuerpo de creencias que rigen el estilo de vida. ¿O acaso no discutimos ética y moral como si alguien tuviera un punto de vista superior? Esto implica una filosofía de vida.

Pero nos encanta hablar de que alguien respeta su religión en lugar de decir que respeta a su Dios. ¿Por qué? Porque así es más fácil atacar. De otra manera tendríamos que reconocer que es un estilo de vida igual tan válido como los otros. ¿Ya me pasé?

Milenio parece estar de acuerdo con esto, pero sigue diciendo que esto no debería interferir con los asuntos de estado. Volvemos a la idea de un estado laico. Con este razonamiento, se parece limitar hasta donde puede uno practicar sus creencias. No puedo dejar mi moral y creencia en Dios en la casa porque voy a trabajar en la política. Eso sería incongruente, y por ende, una falta de moral.

La idea de un estado laico se trata de separar la iglesia y el estado, de manera que la primera no tenga el poder de dictar que debe o no debe hacer el pueblo. Se habla de una institución y no de un individuo actuando conforme a su consciencia. Si queremos que alguien deje sus creencias de lado cuando va a trabajar, esto no debería aplicar solo a los religiosos sino a todos en general (y claro, sería imposible).

Un último punto antes de concluir: si Milenio tiene razón en que Rodríguez Garza entregó su petición a la Comisión Electoral Municipal el viernes pasado, entonces como adventista tengo que llamarle la atención a este personaje. Sabiendo con anticipación que el debate sería en sábado, ¿entregó la solicitud un día antes? ¡Que irresponsabilidad! Tanto política como religiosa. ¿Para qué se esperó? Digo, porque contrario a lo que muchos creen, no se trata de pedir permiso para hacer algo en sábado (es un pacto con Dios no con una iglesia). Tal vez trató de justificar su participación y al final no le salió. Quién sabe. Lo que es cierto, es que demuestra una irresponsabilidad.

Hay muchísimo más de que hablar, especialmente acerca de la sección de comentarios que, como dije, muestra una ignorancia e intolerancia terrible.

Pero se pueden concluir dos cosas. La primera es que así como los no creyentes se quejan de la intolerancia y la mala retórica de los creyentes y hasta se pueden sentir atacados, lo mismo pasa inversamente. De cierta manera el querer imponer una creencia solo esta mal cuando proviene de un religioso; cuando no, se le llama progreso.

Segundo, hay un gran desinterés en informarse antes de opinar (espero no caer en eso), particularmente cuando se creen unos sabelotodos. Para poner un ejemplo relevante, esto dice Mateo 12 acerca del sábado: “Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo [sábado]? El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo,no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo [sábado]” (vers. 10-12). Espero que Rodríguez Garza sí lo sepa.

Egoism and Belief in God

There is a great anonymous sonnet that comes back to mind often. There is a problem with it, though. I don’t think it’s the intent, but it makes me challenge my belief in God. Interestingly, it is not a sonnet against the existence of God. On the contrary, it is all for God, but not in the way I see many think of God.

The sonnet is originally in Spanish. Here is a translation I liked (I might have edited it slightly, or not. I don’t remember).

Sonnet to Christ Crucified
I am not moved, my God, to love You
by the heaven that You have promised me
and I am not moved either by hell so feared
as the reason to stop offending You.
You move me, my Lord, it moves me to see You
nailed to a cross and your flesh destroyed,
what moves me is to see your body so injured,
what moves me is your suffering and your death.
What moves me, finally, is your love, and in such way,
that even if there was no heaven, I would love You,
and even if there was no hell, I would fear You.
You need give me nothing for me to love you,
For even if I had no hope for things hoped for
I would love you the same as I love you.

I don’t know how this made you feel. The sonnet makes me go from a state of awe to one of reflection. Even if you had no hope for things hoped for (heaven and the new earth), would you love God the same?

Over and over, I hear people using heaven to counter anything that can challenge your belief in God (the new earth is used less often for some reason). If we talk about evil, we say there will be no evil in heaven. If we talk about how hard it is to follow Jesus, we mention heaven (a reward). If someone is doubting God, hey, you can find heaven in the finish line.

Is our love for God really just a yearning for utopia? Do we love God or is it just the promise of heaven (or new earth)?

If we are completely honest, we would have a difficult time answering those questions. If heaven is our true desire or what persuades us to follow Jesus, I’d argue we don’t really love God. It would mean we are not selfless but selfish when we choose to believe and obey.


Over the next weeks I will be writing on psychological egoism and Blaise Pascal’s wager and what that entails. It should be an interesting little series and I hope you can share your ideas with me, whether you talk to me, email me, or text me.

¿A dónde va la izquierda mexicana?

Brevemente quiero preguntarme hacia dónde se dirige la izquierda en México.

Con un PRD que dejó de ser oposición desde hace rato, pero más claramente cuando Peña Nieto entró a la presidencia y se firmó el Pacto por México (¿qué se ha hecho por México?). Un PRD que pierde a tres figuras importantes: el mayor representante de la izquierda actual, Andrés Manuel López Obrador; su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas; y el que varios queríamos ver como candidato en el 2012 y ahora para el 2018, Marcelo Ebrard. Un PRD que querrá postular a un Mancera nada popular. Un PRD que vuelve a ser un grupo del PRI. Un PRD incapaz de criticar o proponer. Con un PRD que no es de oposición, la izquierda mexicana necesita liderazgo.

Pero el líder que ha salido a flote no parece llevar a la izquierda a un buen lugar. Después del berrinche de 2006 (que no fue enteramente su culpa), es increíble que AMLO tuviera el apoyo que tuvo en 2012. Si le queremos echar la culpa total del plantón o si pensamos que calmó a un grupo que quería tomar medidas violentas, no importa. Lo importante es que su campaña llevó a la gente a reaccionar de esa manera. Antagonizó a sus contrincantes y alienó a sus seguidores, y a él mismo, de una gran parte de la población. Ahora con Morena, lo mismo parece estar pasando. Vemos quejas y un afán por descalificar al PRI y al PAN. Es todo lo que se ve. Esté bien o mal, la gente (aquella que todavía no lo apoya) está todavía más lejos de aceptarlo. Como cual película cristiana, Obrador hace una campaña atractiva solo para sus seguidores o aquellos enojados que buscan una salida para quejarse. Entre estos se atrapa también a ciudadanos que simplemente quieren un mejor México. Ellos necesitan pragmatismo, no lo que sea que la izquierda está ofreciendo ahorita.

Hay mucho más que la izquierda mexicana no entiende. No sé si realmente busca mover a México. El tratar de descalificar a los demás se ha hecho popular. Si no lo creen, solo hay que ver las secciones de comentarios en cualquier artículo. Ya no se trata de conversar para encontrar una salida. Ahora se trata de dividir. Estas divisiones nunca van a mover a México.

Hasta los académicos han caído en estas mañas. Denise Dresser compartió en su cuenta de Twitter una foto que alguien le mandó donde se muestra un helicóptero llegando a la Universidad Anáhuac que según llevaba a Paulina Peña. Sin investigar si esto era verdad, ella lo publicó (ven que ya es una moda el descalificar como sea). Lo triste pasó después de que el dueño del helicóptero, Carlos Peralta, publicará que fue él quien había llegado a la Anáhuac y no Paulina como Denise Dresser había tratado de engañar. Dresser respondió de la siguiente manera:

Y aquí se muestra otro gran problema: no hay autocrítica. ¿Por qué no pudo aceptar su error? Presentó información falsa como verdadera. ¡Hay que aceptar el error!

No se a donde va la izquierda. Pero sé que no quiero una izquierda que utiliza falacias, que recurre a la descalificación mediante información falsa o rumores, que busca dividir, y que no ejerce la autocrítica.

Quiero una buena opción de izquierda.


El día lunes falleció el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Recordaré principalmente su ensayo de la utopía. Nunca alcanzaremos ese mundo utópico, pero eso no importa. Ese no es el propósito de la utopía. Avanzaremos un paso hacia ella, y ella se moverá un poco más lejos. La utopía es nuestra guía.

Gracias por su trabajo y activismo. Descanse en paz, Eduardo Galeano.

Commit Your Way. Entrust Your Way.

I was having one of those moments when you are reading your Bible without really reading it. It’s one of those times you are only looking for encouragement, and either you open your Bible to a random verse (hoping to get some insight from the Holy Spirit) or search on Google for some citations. I didn’t need to read Jeremiah 29:11 because I knew from memory. Besides, I was looking for something else. So I came upon Psalm 37:5.

Commit your way to the LORD, trust in him and he will do this: He will make your righteous reward shine like the dawn, your vindication like the noonday sun. (NIV)

I got stuck in the first six words. Commit your way to the Lord. Usually I see the word commit to mean do. Interestingly, it’s more often than not, something bad. You commit a crime, for example. I’ve never heard something like, “I committed a kind act” (whatever that is). The other meaning to the word commit I know is used to describe a responsibility. I commit to do something.

In this verse, however, commit is used as an imperative, and although I do not know the meaning in this case I know what to do. But I wanted to know what it means, so I looked it up and found out it also means entrust. Entrust your way to the Lord. I think that works.

Entrust might give the verse another meaning, at least for me. Many times I hear people “committing” their plans to God. But all that means, and has meant for me for quite some time, is that you pray to God so He can bless your plans. I tell God, “These are my plans. They are good. If things go this way, I’ll be so happy. It’s okay if some things don’t go as planned. It will still be fine. Please bless my efforts and help me achieve these goals.”

The more I though about it, the more I saw what was wrong. I did let God have a say in my plans, but not too much. See, I have my plans and I want God to bless them. So, I ask Him. But that is not the way I feel it should be. What if my goals are not God’s goals for my life? Remember Jeremiah 29:11? He knows the plans He has for us. Committing our way goes beyond praying for blessing.

We should entrust our way to Him. Then, He will bless us. We should go beyond just praying for our plans, we should entrust our lives to Him. He will shape our lives while we delight in Him.

We must allow him to take the position of Planner. He knows what our hearts desire better than we do. We know how we want to feel. He knows the way, and He will guide us. “He will make [our] righteous reward shine like the dawn, [our] vindication like the noonday sun.”

El INE nos saca una lagrimita

El Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, o IEPC, anunció que Lagrimita no podrá ser candidato a presidente municipal de Guadalajara. El payaso, al que la política lo hubiera hecho doblemente payaso, quedó fuera porque no reunió las firmas necesarias para que se validara su candidatura. “!Claro que se me sale una lagrimita!” dijo Lagrimita provocando así no sé si risa, pena ajena, o las dos.

De las más de 35 mil firmas que presentó al IEPC, solo se validaron 22,899 de las 23,887 firmas que necesitaba. Y es que al parecer muchas firmas no iban acompañadas de credencial de elector. No sé si era parte de una broma o un truco, pero pues al final le faltaron 988 firmas. Ni con la ayuda de los jóvenes reclutados (o contratados por mil pesos a la semana) logró reunir las firmas requeridas, ¿o sí?

En el comunicado en hoja membreteada, Lagrimita (porque quería correr como “Lagrimita” en lugar de Guillermo Cienfuegos Pérez), o nuestro payaso correcto, no sale de estilo y hasta hace interesante, por no decir un poco chistosa, su queja.

Los chistes respecto al tema son muchos y mejores que los que podré hacer. Por ejemplo, que si ya se lo cargó el payaso; que otro payaso menos; y quiere llorar, quiere llorar. O una de mis favoritas: Ya, Lagrimita, no estés de payaso.

Sea como sea, y fuera de broma, Lagrimita toca unos puntos interesantes en su comunicado. Primero, que los demás candidatos independientes sabían ya del dictamen del Instituto Electoral. Si es así, ¿por qué? Luego el dictamen sale el sábado en la noche cuando no hay nada que hacer (ya nos sabemos los timings bastante convenientes). Además, él dice estar seguro que las firmas que entregó eran válidas. Hay que ver entonces cómo se invalidaron.

Un punto que Lagrimita no toca es que si las firmas son, efectivamente, de personas difuntas, no registradas en el padrón electoral o duplicadas, ¿no constituye esto un delito que tendría que ser perseguido? ¿Por qué entonces sólo se le niega la candidatura?

Hay dudas. Y aquí está el meollo del asunto. Lagrimita dice no creer “ya en las autoridades electorales del estado, ni en las personas que trabajan ahí, por tramposos, chapuceros y chismosos”. De cierta manera, muchos diríamos lo mismo. Entonces ¿podría, o podríamos, creer en una explicación de dicha institución? ¿Qué va a pasar si la siguiente autoridad le dice que no, que estuvo bien el número de firmas que se validaron? ¿Tampoco va a creer en ellas? Aquí hay un círculo vicioso, así como el de Andrés Manuel López Obrador, nomás que en menor nivel.

Fuera de que esto es a nivel municipal o de si creo que era de risa la candidatura de Cienfuegos (y me siento aliviado hasta cierto punto pues sigue habiendo payasos en la política), estamos en una encrucijada. ¿Cómo avanzamos democráticamente si no hay una institución en la que confiemos?

Hasta antes de la jornada electoral del 2006 por la presidencia, se confiaba en el IFE (recordemos el gran logro de la alternancia en el 2000) y el ejército. Como argumenta Ricardo Cayuela Gally, AMLO sacrificó a una de las dos instituciones que eran confiables con una acusación de fraude sin fundamentos. A pesar de eso, el IFE, ahora INE, sufrió y aquí están las consecuencias.

¿Confío yo en el INE? Digo que no, pero y luego ¿en quién confío? Este no es un argumento a favor de un INE que es burlado por el Partido Verde cuantas veces les plazca. No apoyo a un instituto que no puede hacer nada, o decide no hacer nada, respecto al rebase de topes de campaña de los partidos (recomiendo leer este ensayo de Luis Carlos Ugalde). Pero, ¿entonces cómo le hacemos?

Dejando atrás la risa que nos causa la aspiración a candidatura independiente de Lagrimita, la situación nos recuerda algo preocupante. En algo tan simple, vemos reflejada una realidad en la que el pueblo no confía en las instituciones que definitivamente lo afectarán y que no se ve un proyecto para recuperar esa confianza. Ojalá y no sea muy tarde, porque sí lo es pues ahí sí no sé, como pregunta Marco Antonio Solís, a donde vamos a parar.

En un lado más alegre. Si querían ver un payaso ocupando un puesto en el poder, no se preocupen. Los hay de a montón.